sábado, 11 de marzo de 2017

6 años del terrible accidente de la Fukushima

Hay alternativas a las nucleares.
GAROÑA ITXI BETIKO!

Es hora de la seguridad y aprender de errores y riesgos que generan plantas nucleares como Garoña.

Interesante reflexión sobre Fukushima publicada en El viejo Topo

El día 11 de marzo se cumplen seis años del accidente de la central de Fukushima-Daiichi. Un terremoto seguido de un tsunami destrozó los sistemas de refrigeración y de alimentación eléctrica de las centrales: se produjeron tres grandes explosiones de hidrógeno en los reactores 1, 2 y 3, y un incendio en la piscina del reactor número 4. A pesar del tiempo transcurrido, la situación sigue sin controlarse y aún no se puede entrar en los reactores, que están fundidos total o parcialmente, por el alto nivel de radiactividad.

El 11 de marzo de 2011 se produjo el accidente nuclear en la central de Fukushima (Japón) en un momento en que se estaba produciendo una verdadera ofensiva de la industria nuclear para intentar revertir su declive. En efecto, esta industria se encuentra en crisis e intenta por todos los medios mejorar su situación en el mundo. Por un lado intenta vender más reactores sobre todo en los llamados países emergentes, con China a la cabeza, y por otro intenta que se prolongue la vida de las centrales que funciona en los países industrializados, lo que constituiría un verdadero negocio para las empresas que las explotan.

Las centrales que han cumplido más años están ya amortizadas y el precio del kWh producido se reduce a los gastos de personal, mantenimiento y del combustible, lo que supone solo entre el 25 y el 30% del precio total. En caso de un mercado eléctrico marginalista como el español, significa que estamos pagando ese kWh a varias veces lo que le cuesta producirlo, teniendo en cuenta que las centrales nucleares se libran de cubrir muchas de sus externalidades. Además, las centrales envejecidas se ven obligadas a reparaciones constantes, lo que supone una demanda importante para empresas tecnológicas y de bienes de equipo.

Fukushima volvió a recordar al mundo algo que parecía haber olvidado: que la energía nuclear es peligrosa. Que por muchas precauciones que se tomen no se puede prever todo y finalmente ocurre un accidente. Y el de Fukushima puede ser el segundo más grave de toda la historia en cuanto al número de víctimas, tras el de Chernóbil. El accidente de Fukushima tiene dos particularidades: se produce por un fenómeno externo a la central y en un país que es una potencia tecnológica de primer orden. Lo primero muestra una nueva dimensión de la seguridad nuclear: es imposible prever todo lo que pueda llegar a ocurrir en las cercanías de las centrales. Lo segundo es revelador: ni siquiera un país como Japón puede evitar un accidente como este ni vencer los enormes desafíos que supone la contaminación radiactiva del agua y del territorio.

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