lunes, 31 de octubre de 2011

Clima y conflicto

Autor: Fernando Valladares. Estamos acostumbrados a escuchar “clima de conflicto” pero pocas veces pensamos que el conflicto lo derive el propio clima. Tenemos todavía poca información sobre los conflictos sociales y humanos en general que provocan los cambios en el clima de nuestro planeta, pero diversas evidencias se empiezan a acumular ya sobre la mesa. En un estudio realizado por la periodista científica Nicola Jones se muestra como los conflictos bélicos y los desórdenes sociales han aumentado en los periodos en los que al clima sufrió anomalías.

Este tema resulta sumamente interesante para las personas con conciencia solidaria y ecologista. Por eso Eguzki, que no se amilana con los temas o debates planteados, expone que en todo el mundo y en nuestra tierra existen muchos conflictos medioambeintales.

Evidentemente, la imposición, partiendo de la falta de información, de capacidad de decisión real, de respeto a nuestros recursos, así como al no valorar la rentabilidad social sino la económica de élites o capas de alta sociedad, pone en cuestión el TAV, Itoiz, y muchos proyectos que se desarrollan mediante la imposición.

Estos proyectos son conflictivos y causan muchos daños, y son objeto de represión por la discrepancia al respecto, demostrando que no se quiere permitir la disidencia pacífica que ponga en cuestión el modelo, especialmente hablando de grandes infraestructuras, negocios a costa de la mayor parte de la población, o de la capacidad de informar y decidir libremente.

Por todo ello, Eguzki apuesta por la información y la formación, la concienciación, la resolución de conflictos ambientales basándonos en el respeto a nuestros recursos y a la capacidad de decisión sobre estos proyectos, siempre con la visión y consideración solidaria para con otros pueblos, pues nuestro "bienestar
" no puede ser fruto de la explotación de recursos y personas de otros pueblos.

Jones es parte del panel editorial de la prestigiosa revista Nature y es responsable de las secciones de opinión. El estudio ha sido publicado en el último número de la revista Nature Climate Change, revista hermana de Nature cuya reciente creación responde a la demanda creciente por parte de científicos y lectores de más espacio para abordar el cambio climático. La autora no pretende alarmar pero sus datos muestran cómo anomalías climáticas relacionadas con los eventos de El Niño o periodos extensos de sequía han llevado a las armas a la población de diversos lugares del mundo.

El trabajo muestra la existencia de siete puntos calientes (hotspots) de conflictos recurrentes en el planeta, todos ellos en zonas ecuatoriales y tropicales, y que están en fronteras tanto geográficas como políticas (costa este de México-EEUU, Oriente Medio, partes norte y sur del Sahara, zona monzónica de Asia, interior de la cuenca del Amazonas). En todas ellas se ha observado una disminución de la disponibilidad de agua dulce o de recursos alimentarios asociados a periodos climáticos adversos y en seis de los siete puntos se han generado migraciones humanas inducidas por cambios ambientales. El artículo incluye un mapa de los conflictos ocurridos durante el periodo 1980-2005 organizados según las causas que los generaron que son, de mayor a menor frecuencia: problemas con usos del territorio disparados por anomalías climáticas, falta de agua, problemas pesqueros inducidos por disminución de las capturas y amenazas a la biodiversidad. El mapa los identifica también en función de su importancia, desde conflictos diplomáticos hasta conflictos bélicos pasando por protestas con mayor o menor violencia. Destaca la existencia en este periodo de conflictos bélicos catalizados por el clima en toda la franja tropical desde Centroamérica hasta Asia y Oceanía. En África, además de conflictos graves en la banda tropical-ecuatorial, destacan también los ocurridos en la zona sur del continente. Dada la predominancia tropical de estos conflictos encendidos por el clima, el estudio analiza en concreto los efectos de los eventos de El Niño, una de las anomalías climáticas planetarias más complejas, más estudiada y de impactos más globales y que tiene su epicentro en la temperatura superficial de las zonas tropicales del mar Pacífico. Se muestra un gráfico en el que el riesgo anual de conflicto se eleva de valores basales entorno a un 3% a valores superiores al 6% de riesgo cuando la temperatura superficial del Pacífico se altera en zonas afectadas directamente por El Niño.

El estudio revela cómo la población humana está íntimamente acoplada a las fluctuaciones del clima. El estudio revela además que cambios en el clima habitual en muchas zonas del planeta tienen implicaciones no sólo económicas sino también diplomáticas e incluso bélicas. Por tanto, estas alteraciones climáticas afectan al bienestar y al equilibrio entre los distintos grupos sociales y las diferentes regiones administrativas y geográficas que entran en contacto en puntos determinados de la Tierra, a partir de los cuales los conflictos se expanden hasta regiones alejadas centenares de kilómetros. En un mundo cada vez más poblado y ante una explotación cada vez más intensa de los recursos es preciso identificar mecanismos que aligeren las tensiones. Unas tensiones que inevitablemente se generarán cada vez en mayor medida por los cambios que acontecen en el clima y que son derivados tanto de un cambio en los valores promedio como de un incremento en la propia variabilidad de las temperaturas y las precipitaciones. En un mundo también cada vez mas lleno de barreras y fronteras debemos ser más creativos que nunca para identificar estos mecanismos que rebajen tiranteces frente a catástrofes de origen climático. Y no pensemos que el problema nos queda lejos. Al ir subiendo las temperaturas, el “calor del conflicto” que se siente ya en los trópicos irá afectando a latitudes cada vez más alejadas del Ecuador.



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